GENTE CON ESTILO PROPIO

Cómo olvidar a uno de mis profesores de la universidad: se vestía siempre de un mismo color y sin descuidar los detalles. Le conocimos distintos trajes, marrón, celeste, blanco… y los acompañaba con camisa, chaleco, medias y ¡hasta el pañuelito del bolsillo! al tono.

Definitivamente hay gente que elige no discutir con el espejo sino que, por el contrario, asiente satisfecha. Por eso pido aplausos por favor… porque estas personas, sea de nuestro agrado o no, ¡sí que saben llevarla con actitud!

Últimas horas de un día laboral, en Bryant Park, Ciudad de New York. Ese día hizo muuuucho calor, pero no parece haber sofocado a todos por igual. Aquí lo vemos, de punta en blanco, ¿estaría esperando a una cita, tal vez?

La ocasión: un partido de hockey sobre hielo. Afuera probablemente unos -15º C, en las tribunas abundaban camperas inflables y gorritos de lana…. pero a esta niñita ni el frío la aparta de la última moda. Canchera como ella sola.

De vuelta en la Gran Manzana, la foto es mala y deja afuera las gafas, corbata y zapatos de color rosa que formaban parte del conjunto; el sombrero medio aterciopelado. Caminó toda la costanera con total entereza y no me caben dudas de que le está guiñando un ojo a la estatua desde lejos.

El invierno se iba despidiendo y los días eran cada vez más cálidos. Cuando cerró la montaña una de las bandas locales de Jackson Hole, Wyoming dio un mini recital. Déjenme explicarles el panorama: la vestimenta de los esquiadores y snowboarders, especialmente de los que deciden quedarse a tomar una cervecita al aire libre, suele ser un tanto desaliñada: pantalones, camperas y gorros que generalmente no combinan entre sí, remeras grandotas y las botas desatadas. Y, debo admitir, después de una jornada deportiva, todas estas prendas terminan un tanto olorosas.

Entenderán ahora mi asombro cuando descubrí al hombre de pantalones amarillos. Antes de irme a casa, no pude evitar acercarme y decirle: “Hola, ¿le puedo decir algo? Es la persona con más estilo que he visto en una montaña”. Resultó ser australiano, estaba agradecido de mi comentario y me contó que todos los años esquiaba en lugares distintos, pero que Argentina había sido elegida repetidas veces, porque amaba sus montañas, la comida y la gente. Imaginen mi orgullo, caminé hasta el colectivo con una sonrisa de oreja a oreja. Dos días después, lo vi desde lejos, tenía auriculares puestos y puedo arriesgar que esquiaba al compás de música clásica. Personas espléndidas ¡sí que las hay!

A ver si en esta noche de sábado nos empilchamos un poco para salir…
Salut!

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