MEJOR EN DOS RUEDAS

Gante, Bélgica


 

¡Cómo me gusta andar en bicicleta! Aprendí de chica y como bien dicen, nunca más me olvidé. Me sacaron las rueditas sin anestesia y de una bici gris minúscula que me había traído papá Noel, pasé a la amarillita con canasto que compartí con mi mamá hasta que me compré una de montaña (a pesar de vivir en la planicie litoraleña).

“La Baya”, así tal cual como la ven, llevaba y traía a mi hermano de sus clases de veterinaria hace veinte años atrás. Todavía se la aguanta la viejita. Desde entonces cada vez que visito a la familia la llevo caminando al bicicletero para un “retoquecito” cual lifting y a partir de ahí, se convierte en mi transporte oficial lo que dure mi estadía.
Mar del Plata, Argentina

Al traslado en bici le veo más ventajas que desventajas: colabora con el cuidado del medio ambiente; nos mantiene en forma, ejercitando el corazón, endureciendo las piernas y aireando los pulmones; no consume nafta y nos evita el estrés de la interminable búsqueda de estacionamiento. Con las desventajas mejor ni me meto, porque la mayoría de ellas no dependen de este vehículo a pedal, sino de los tiempos que corren y de la sociedad que nos rodea. Una pena.

Berlín, Alemania
Pero bueno, pongamos buena cara, que todavía nos puede acompañar en muchas ocasiones. Y en los viajes es uno de ellos. Conozco varias personas que se largaron a la aventura uniendo grandes distancias entre ciudades, países e incluso transitando las rutas de todo un continente. Eso puede resultar un poco mucho para algunos, pero para hacer turismo es un placer que vale la pena incursionar. 
Santa Fe, Argentina
Ámsterdam fue una de las primeras ciudades europeas que recorrí en bicicleta. Mi amiga argentina/holandesa me prestó su bici de modelo reliquia y un pasado cargado de historia. Gran responsabilidad devolverla sana y salva al final del día. Si el paso por esta ciudad es breve, la bici resulta ideal para el pantallazo general siempre y cuando el clima acompañe. Ahora, ni se les ocurra frenar a mitad de camino para consultar el mapa porque los residentes no pisan el freno. Y por seguridad traten de estacionar, siempre con cadena, en los lugares destinados a tal fin que verán por todos lados.
 

Brujas, Bélgica

Otro destino que se achica bastante sobre dos ruedas es Berlín. Es ideal para ingresar a cada uno de los rincones que surgen al avanzar y fotografiar el arte callejero de la ciudad. Y por qué no, la fantasía de transitar París en vélo. Por un par de euros se alquilan en cualquiera de las estaciones, solo se necesita una tarjeta de crédito y coraje para esquivar los autos.

Desde la bicicleta se aprecia el calor del sol en una mañana otoñal o el aroma a tierra fresca después de una llovizna. Y por alguna razón la imaginación vuela… me acuerdo que de chica andábamos con una amiga por la zona de quintas, por aquel entonces totalmente descampada, y para nosotras ese camino perdido era tan salvaje como el Amazonas. Y aunque de adultos suele perderse esa facilidad inventiva, creo que igual desde la bici el paisaje se ve con otro color. De esta manera, el mar brilla con un azul más intenso, y una bajada de tierra por la sierra cordobesa con amigas de la infancia puede volverse una anécdota imborrable. 
Venice Beach, California, EE.UU.
Amsterdam, Países Bajos

Es domingo, aventúrense a dar una vueltita antes de empezar la semana. Y como dice un apasionado ciclista marplatense: ¡buena senda!

nieve en Boston – la viejita holandesa – bicis enamoradas – un padre y sus hijas – la bici de la hormiguita viajera
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