DALE MARCHA AL MOTOR

Es divinamente perfecta. Y la tengo estacionada en la puerta de casa. Lamentablemente no sé de quién es, pero me intriga tanto saber de dónde viene y a dónde va. ¿Le sobrará un lugarcito?

Quién no fantaseó alguna vez con subirse a una camioneta de este tipo para recorrer el país entero. En mis sueños yo ya voy por Centroamérica camino a Alaska. Una matera, música de la buena, la cámara y el que se anime a oficiar de copiloto.

Estoy terminando de leer una novela autobiográfica de un escritor californiano que compró una van y recorrió Estados Unidos junto con su perro Charly. En la primerísima línea del libro cuenta que de niño los adultos trataban de convencerlo de que con la madurez su necesidad de conocer otros lugares se apaciguaría. Pero habiendo cumplido 58 años, entendió que eso jamás sucedería. Creo que me va a pasar lo mismo.

Será porque hace unos cuantos años atrás, llegué a una familia que recorrió parte del sur en casa rodante y que todavía hace picnics en el auto porque es más divertido que parar a comer. Un espíritu aventurero genético. Y por eso quiero dedicarle este post a mis mosqueteros: grandes compañeros en la ruta y en la vida.
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